Desde el inicio, el día estuvo marcado por una ceremonia civil muy sentida, cargada de significado y momentos compartidos. Uno de los rincones más especiales fue el dedicado a las personas que ya no estaban, un espacio cuidado con sensibilidad que invitaba al recuerdo y al recogimiento. Las rosas rojas que se repartieron entre los invitados se convirtieron en un gesto sencillo pero muy emotivo, que acompañó uno de los momentos más íntimos del día.
La decoración siguió una clara inspiración navideña, presente en cada rincón de la finca. Detalles pensados con mimo, espacios cálidos y elementos decorativos que aportaban personalidad sin perder coherencia. Como recuerdo, los invitados recibieron pequeños pascueros, un detalle delicado y muy en sintonía con la estética general de la boda.